Un recorrido histórico que desmonta el mito del “padre de la neurociencia” y reivindica la figura de Cajal como precursor de una ciencia anterior: la ciencia neural.

A lo largo de la historia, pocos nombres han brillado tanto en el estudio del cerebro como el de Santiago Ramón y Cajal, el sabio aragonés que revolucionó nuestra comprensión del sistema nervioso. Sin embargo, según un estudio publicado en International Journal of Morphology, es un error conceptual – aunque comprensible – llamarlo “padre de la neurociencia”.

Los autores, Jorge Eduardo Duque Parra, John Barco Ríos y Félix John César Peláez Cortés, sostienen que Cajal fue un pionero de la ciencia neural, pero no el fundador de la neurociencia moderna, disciplina que nació décadas después de su muerte.

Cajal no vio nunca una sinapsis, aunque la infirió”, recuerdan los autores, destacando la brillante intuición del científico español.

El nacimiento de una ciencia joven

El término “neurociencia” se acuñó recién en la década de 1960, cuando los avances tecnológicos, bioquímicos y electrónicos permitieron conectar lo estructural con lo funcional en el estudio del cerebro. En 1970 se fundó la Society for Neuroscience, marcando oficialmente el inicio de esta nueva disciplina interdisciplinaria que unía neuroanatomía, neurofisiología, neuroquíica y neuropsicología bajo un mismo lenguaje científico.

Antes de esa fecha, el conocimiento sobre el sistema nervioso estaba fragmentado en campos aislados. Por tanto, aunque los descubrimientos de Cajal fueron esenciales, se dieron mucho antes de que existiera la neurociencia como disciplina constituida.

La neurociencia es joven, pero crece con rapidez”, señalan los autores, subrayando que su desarrollo ha sido uno de los más explosivos de la ciencia moderna.

Cajal, genio y visionario del tejido nervioso

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) fue un visionario. Sus observaciones sobre la estructura del tejido nervioso sentaron las bases de la doctrina neuronal, demostrando que las neuronas son unidades individuales y no un entramado continuo, como se creía. Su obra “La textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados” (1899) sigue siendo, más de un siglo después, una referencia imprescindible. El Nobel David H. Hubel llegó a afirmar que se trata del trabajo más importante jamás publicado sobre neurobiología.

Cajal no solo fue un científico excepcional, sino un modelo de ética, independencia y pasión por el conocimiento, inspirando generaciones de neurólogos, biólogos y neurocientíficos.

La genialidad de Cajal se alimentó de su férrea voluntad”, escriben los autores, reconociendo el motor humano detrás de su legado.

De la ciencia neural a la neurociencia moderna

Los autores del estudio proponen una distinción clave: la “ciencia neural” fue la base conceptual y experimental de la neurociencia moderna. En ella participaron figuras como Otto Deiters, Wilhelm von Waldeyer-Hartz (quien acuñó el término “neurona” en 1891) o Charles Sherrington, quien en 1897 introdujo la palabra “sinapsis”.

Fue precisamente Sherrington – Premio Nobel en 1932 – quien, según los autores, merece el título de pionero de la neurociencia, ya que su vida y su obra coinciden temporalmente con el nacimiento de la disciplina.

Cajal vivió entre 1852 y 1934, mientras que la neurociencia surgió en la década de 1950. Por tanto, no pudo haber sido su padre”, concluyen los investigadores.

Más allá del mito

El estudio “Santiago Felipe Ramón y Caja, ¿padre de la neurociencia o pionero de la ciencia neural?” invita a una reflexión sobre cómo la historia de la ciencia construye mitos. Llamar “padre de la neurociencia” a Cajal es, según los autores, un error conceptual de buena intención: un reconocimiento a su influencia más que una descripción cronológica. Si ampliamos el concepto de neurociencia de forma “atemporal”, entonces podríamos incluir también a Leonardo da Vinci o a los filósofos griegos, quienes ya reflexionan sobre el cerebro siglos atrás. Pero, insisten, esto sería forzar los límites del término moderno.

En definitiva, Cajal fue un pionero de la ciencia neural, una rama que más tarde alimentaría el crecimiento de la neurociencia como campo interdisciplinar. Su legado sigue vivo no solo en sus dibujos y teorías, sino en cada neurona estudiada bajo un microscopio moderno.

El objeto de la investigación de la neurociencia en el futuro y de las ramas que la generaron en el pasado tienen una misma raíz”, recuerdan los autores citando al neurocientífico Samir Zeki.

Conclusión

Santiago Ramón y Cajal no fue el padre ni el pionero directo de la neurociencia moderna, sino un precursor fundamental de la ciencia neural.

Sus descubrimientos neurohistológicos abrieron el camino para entender cómo las neuronas se conectan y comunican, convirtiéndose en el eslabón entre la anatomía del siglo XIX y la neurociencia interdisciplinaria del siglo XX.

Más que un “padre de la neurociencia”, Cajal fue el arquitecto de las primeras puertas hacia el cerebro.